16/03/2018

Este Niño Va Al Cementerio A Dormir Todos Los Días, La Razón Te Dejará Llorando

Este Niño Va Al Cementerio A Dormir Todos Los Días, La Razón Te Dejará Llorando

Esta es la historia de Karel, un niño de San Cristóbal, Cuba que vivía con su familia: sus padres y su hermano Keilan. Los hermanos Keilan y Karel tenían 5 y 7 años respectivamente y sorprendían a sus padres porque se llevaban realmente bien, siempre reían y jugaban juntos y eran verdaderamente inseparables.

El cariño que se tenían los dos hermanitos era muy grande, siempre se les veía felices de estar juntos y se ayudaban en sus tareas escolares y del hogar.

Era realmente el cuadro de una familia muy unida y feliz, de no ser porque un día todo cambió repentinamente. Los niños se disponían a ir a la escuela, cuando Keilan encontró una canica en el suelo. La tomó y se la metió a la boca, mientras Karel le pedía que la escupiera, pues era demasiado grande. Keilan no hizo caso y se comenzó a reír, razón por la cual la canica se le fue a la garganta y comenzó a asfixiarse. Asustado, Karel llamó a sus padres, quienes no pudieron sacarle la canica, por lo que lo llevaron al servicio de urgencias. Ahí les dieron la terrible noticia: el niño había fallecido.


Karel estaba muy confundido, pues volvieron a casa y ya no estaba su hermanito. Nunca le habían hablado sobre la muerte, por lo que él esperaba que Keilan volviera en cualquier momento para que siguieran jugando.

Sus padres decidieron ser francos con el niño y le dijeron que ya nunca lo volvería a ver, que cuando una persona muere se va para siempre. Karel echó en llanto, inconsolable, porque le habían arrebatado a su hermanito que tanto quería. Sus padres le explicaron que su alma ya estaba en el cielo, pero que su cuerpito había sido enterrado en un lugar especial (el cementerio). Karel les pidió una y otra vez a sus padres que lo llevaran a ver la tumba de su hermanito, hasta que ellos accedieron.

Antes de salir de casa rumbo al cementerio, Karel preparó una pequeña maleta y se la llevó. Al llegar al lugar, Karel inmediatamente dijo: “esta es su tumba”, a lo que sus padres quedaron impresionados. ¿Cómo podía saber?

Corrió hacia la tumba de su hermanito, abrió su pequeña maleta y sacó unos juguetes, poniéndose a jugar encima de la tumba. Los padres estaban sumamente sorprendidos, pues parecía como si en realidad el niño estuviese jugando con alguien.

Después de un rato, Karel se cansó y se acostó sobre la tumba, diciendo que su hermanito y él nunca más se separarían. La mamá tomó esa fotografía del momento


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